A Marina y a PedroI
Hoy estamos en la cárcel un tal Frank, una Sassi y yo. Escuché que ellos saldrán mañana con derecho a fianza porque son ricos, pero uno, mi bien, uno con suerte sigue mirando los peces a través del cristal y sin poder hacer nada más que imaginar y recordar (¡ahí va un calamar, por ejemplo!).
Debo decir que me siento afortunado de vivir en el acuario porque soy acrofóbico, y por poco, el señor juez, decide encarcelarme en las alturas -díos mío, qué cerca de ti-, sin embargo, aquí con trabajo vale la condición de recordar cuánto nos gustaba el buen rock-flock y en ese entonces/ahora, sigo creyendo que no había una banda mejor que The Climatics, que a mi gusto, además de su original sonido falceopolizón, se le sumaba su ideología que, las más de las veces, se confundía con activismo político. Su primer sencillo se presentó en Ohio con una situación climática tan adversa, que apenas lograron llegar al coro de la tercera canción, sin embargo, las treinta personas, según el electrodiario SHG, corearon hasta cerrar la canción y hubieran comenzado la cuarta de no ser por un relámpago que escarmentó a los mismos, e incluso, a mi hermano Robert, fan que abandonó las presentaciones del grupo en vivo tras el temblor en lo que alguna vez fue la falla de San Andrés; una experiencia no muy grata, según él mismo.
Después de aquel altercado en San Andrés, vi a mi hermano sufrir, porque si alguna vez su frenetismo inusitado lo obligaba a cerrar siete veces la sontraca de la entrada en los suburbios donde vivíamos, era decir muchísimo más, que saliera en pleno verano con un abrigo de piel de pingüino esperando un invierno que, de haber ahorrado lo suficiente, habría encontrado en Esparruecos en diecisiete minutos por 800 Orbos. Pasó un tiempo deprimido. Aún recuerdo que Robert dijo: “Ahí están esos malditos The Climatics, escúchalos tú, que yo no puedo más”. Arrojó los discos al suelo llorando. En ese momento no los levanté, pues me identificaba más con los gustos de mi madre, que, desde que estaba embarazada de mí, según la vecina So, se inclinó por el popiclán, género que apostaba por los sonidos suaves de las cuerdas pulsadas como el arpa, la bandurria y la cítara, que en los últimos años había venido a más.
No pasaron muchos días para que escuchara The Climatics en una tarde de típica soledad. El grupo compuesto por un guitarrista, un vocalista y un baterista performativo (entiéndase performativo como contorsionista), por llamarle de alguna manera, me provocó una ligera sensación de escalofríos y comencé a bailar por todo el salón. Esa guitarra, ¡esa guitarra! Y David B., el vocalista, gritando:
Snow and whiskey,
I am not afraid of nuclear fallout,
I have no fear of shadow,
Specting for a cyclone.
Eso el coro. Lo demás se tarareaba con la boca, o los labios, o se bailaba si las condiciones climáticas lo permitían. ¡Esa maldita guitarra! Algo diferente a lo que había escuchado, que bien no podría llamarse rock-new-wave-back, pero sí rock-flock, como ellos se autoproclamaron en una entrevista que les hizo Carol89 hace algunos meses.
Pronto me convertí en fan de The Climatics y comencé a trabajar en un sótano que funcionaba como bodega de verduras artificiales con el fin de ahorrar para el primer concierto.
17 de Octubre del 2090
Les adelanto a los fanáticos de The Climatics seguir la trayectoria del Huracán Joao (www.looo.com/Joaoandtheclimatics), pues estaremos ofreciendo un concierto sorpresa el 20 de octubre en alguna de las ciudades donde el Huracán alcance su punto más fuerte. Para que haya algunas pistas de dónde podrá presentarse la banda, adelantaremos tres de los puntos más franqueables:
1.- Soslayi, Mk.
2.- Esparruecos, Esparruecos.
3.- Amsterdam, Holanda.
Gerogge Hans.
Malditos The Climatics, siempre anduvieron con sorpresas, pero era hora de seguirlos. Encontraría algo en Internet.
Huracán Joao {categoría 5 {Vientos Mayores a 250 Km/h
Trayecto1) Ojo del Huracán en San Idelfonso, Esparruecos.
Trayecto 2) Mayor alcance en Esparruecos, Esparruecos.
Nota: Este huracán puede ocasionar daño muy severo y extenso en ventanas y puertas. Falla total de techos en muchas residencias y edificios industriales.
Resolví la trivia gracias al Hurucopio, aparato que predecía la intensidad y el lugar exacto del ojo del huracán. También apoyado, claro, por la nueva tecnología de predicción meteorológica inventada y probada hace tres años: Neo-Meteo, la cual funciona a base de tres recolectores de información climática: El primero, que mantiene la relación presión atmosférica-territorio y la compara estadísticamente con años anteriores. La segunda, que combina la probabilidad y la mecánica cuántica, y determina la posibilidad de todas las partículas que conforman al fenómeno natural. El tercero, que se considera la punta de lanza en cuanto a predicción se refiere: el magnetómetro bifocal de alto alcance, que funciona en conjunción con todos los satélites del mundo, todos los sensores de terremotos, todos los barómetros conectados a la red, etc.
La posibilidad de que el Huracán pasara sobre Esparruecos era del 92%, gran diferencia si se compara con el 81% de posibilidad sobre Amsterdam y 70% sobre Soslayi. En una semana viajaría a Esparruecos y presenciaría, con mis cinco sentidos, mi primer concierto de The Climatics.
II
Por mar no viajo porque es demasiado caro. Por cápsula de profano, ni pensarlo, supera mi presupuesto en más de un mil por ciento, entonces no. Así que con todo y mi divertida acrofobia, decidí viajar por aire por menos de 400 Orbos, viaje redondo, que implica que mis expectativas de regresar con vida son grandes. Pagué con el dinero electrónico que había recibido por el pago de una semana, más o menos, como trabajador de la bodega que mencioné antes.
Un día al salir de la bodega.
- Aquí está tu paga, niño. Nos vemos el lunes.
- Quisiera confesarle algo, Mr. Chopin.
- ¿Te enfermarás el lunes?
- No, Mr. Chopin, es algo serio, pero seré sincero.
- Dime.
- Faltaré la próxima semana.
- ¿Cómo? ¡La próxima semana! La próxima semana me llega el producto. La tonta de Dinora no puede sola, morirá. Una caja de betabeles, ya la veo, trastabillando y rodando río abajo. No, no, no, tú no te vas.
- Déjeme explicarle…
- ¿Explicarme? ¿Qué vas tú a explicarme? La horticultura no es un juego. Bienvenido al mundo de Mr. Chopin. Clave tres tres tres…
- ¡Es que soy fan de The Climatics!
- Fan de qué, de qué, de qué. Eso no es escusa. Yo también soy fan de muchas cosas: de la fruta, de la vida, y ¿por eso falto al trabajo? No.
- Pero es que se presentarán el ojo del Huracán Joao, Mr. Chopin, no lo entiende. Necesito ir a verlos. Formar parte de las treinta personas. El grupo de fans es reducido y quiero formar parte.
- Si te vas estás despedido.
- Hasta luego.
Ahí terminó el trabajo, aunque eso no fue impedimento para seguir costeándome los vuelos a las ciudades con eventos catastróficos donde se presentaba The Climatics, pues fue un golpe de suerte encontrar una compañía aérea como “Salviers Airways”, quienes prometían reembolsar tu vuelo en caso de más de treinta minutos de demora, y como regularmente las mismas condiciones climáticas impedían el aterrizaje del avión, era una pasión autosustentable.
Esparruecos era difícil de creer, con su ciudad construida para el peatón, llena de laberintos circulares y edificios de cantera decorados con pintura urbana al estilo de Basquiat. Era de no creerse. Por primera vez una ciudad de mi época, en sus tiempos y espacios, superaba mis expectativas. Además de eso, el manager de la banda había comunicado esa misma mañana que efectivamente ofrecerían un concierto en la montaña Patmandés, mientras el Huracán Joao había subido una categoría más en el transcurso del viaje. Yo iba bien preparado; pues mi madre, quien había recibido un consejo de mi hermano, había preparado mi maleta con los elementos necesarios:
1.- Dos sleeping bags en los que me introduciría y cuya superficie iba amarrada alrededor de mi torso. En la parte inferior había dos agujeros del diámetro de mis piernas, para introducirlas.
2.- Seis pares de calcetines.
3.- Dos caperuzas.
4.- Dos sprays con aliento a temperatura mayor a cuarenta grados Celsius para usarlo en caso de perder oxígeno.
5.- Una antena pararrayos colocada en lo alto de la caperuza, cuyo objetivo es atraer un rayo ionizando el aire para llamar y conducir la descarga hacia mis botas de caucho.
Éramos menos de veinte ese día, podía contarlas con lo dedos, estoy seguro. David Berkeley comenzó gritando “¿¡Cómo está mi gente!?” Y entonces nosotros gritamos un “¡Uh!” y comenzaron a rockflockear como sólo ellos saben. El viento soplaba fortísimo, enseguida perdí mi slepping bag que fue a parar a la traspuerta del camerino de la banda. “Hace un viento de la puta madre”, dijo Elen, otra de las seguidoras con la cual solía mantener comunicación antes de acabar aquí. “Sí, no duraremos mucho a salvo. Vamos a decirle a los demás que hagamos un círculo”, grité. Elen tomó a tres hombres de unos treinta años y los formó de manera que casi, los veintitantos, éramos un círculo. Tengo que ir al baño, pensé. En el momento en que me separaré de la masa, vi un relámpago y perdí el conocimiento. Sólo tocaron dos canciones completas porque un rayo cayó sobre mi cabeza, que al parecer hizo interferencia con el amplificador de David. Lo lamenté. Después hubo un hombre herido, pero nada de gravedad. Recibí abucheos, debo reconocerlo. Me sacaron del círculo y caminé al camerino a recoger mi sleeping bag. En el camino, uno de los fans me aventó una lata de oxígeno vacía y, bueno, qué iba yo a hacer si probablemente tenían razón en decir que fue un error portar un pararrayos sobre la caperuza. Lo que me dejó tranquilo fue que David, el vocalista, me dio una palmada en la espalda cuando pasé cabizbajo junto a él, “es un gesto de compasión”, deduje. Regresamos en a nuestro hotel en un helicóptero, me sentí como un héroe superviviente. Los periodistas estaban esperando en el helipuerto y debido a que yo era uno de los fanáticos que se encontraba en las mejores condiciones, fui entrevistado mientras llovía, volviendo la escena dramática.
- Gukye, qejkn thsa nienf.
- No hablo Esparruecos, disculpe.
Seguí caminando en dirección al hotel y me despedí de Elen, quien prometió asistir al siguiente concierto. Ella dijo: “chau”. En el bar del Hotel Esparris, tomé un Salpkj, y después monté una mototaxi, que resultaba adecuada ya que la ciudad era toda caos debido al ciclón. En el aeropuerto rematé con otro Salpkj y abordé lo suficientemente ebrio como para olvidar mi acrofobia. Como era esperado, el vuelo se complicó y en mi regreso demoramos más de cincuenta minutos en el despegue. Al bajar del avión, el sobrecargo nos recordó que debíamos guardar la clave del vuelo, pues al llamar al las oficinas de la aerolínea, se nos reembolsaría con otro boleto electrónico con vigencia de tres meses.
III
Pasé un tiempo leyendo electrodiarios hasta finalmente encontré algo. Después de dos meses de auscencia, The Climatics se presentaba nuevamente para el público. Esta vez tuve la grandiosa idea de abrir un sitio en línea para convocar y reclutar fans de rock-flock y lo conseguí. Logré convocar a más de siete mil personas en el foco de un temblor, que confirmé gracias a los nuevos avances del sismógrafo anticipado, sin necesidad de ser un genio en la geofísica.
El vuelo con “Salviers Airway” fue tranquilo con la ayuda de un Valium Forte 2da. Generación, y tuve que despertar obligado por el sobrecargo al arribar por la mañana en Pablo Viejo, Soitatlín. Se respiraba el miedo en la ciudad por la predicción del sismo y el adelanto informativo de la Secretaría de Catástrofes Geológicas. El terremoto podría alcanzar hasta siete grados según la escala de magnitud local. Yo iba tranquilo.
Al llegar me comuniqué con Gerogge Hans, el manager de The Climatics, quien solicitó mi presencia en el escenario cuatro horas antes del terremoto para organizar a las siete mil personas. Toma el micrófono en el escenario y tranquiliza a los fanáticos; prepáralos para el espectáculo, dijo Gerogge. Les dije lo que se sabe por sentido común; cosas como no cargar objetos pesados, alejarse de las instalaciones eléctricas, no salir del punto de reunión, no portar pararrayos sobre las caperuzas, seguir bailando durante el sismo, no caminar descalzos y estar preparados para una posible réplica sísmica. Cuando paré de hablar, me di cuenta de que había recibido aplausos de manera más sencilla que cuando rompí dos copas en un bar y todos se percataron. Acaso ahora mi cara era más popular que la de David Berkeley por las recientes visitas al sitio de fans. No sé, pero fui ovacionado y el concierto fue un éxito. The Climatics tocó nueve canciones, rompiendo así el record de San Andrés de tres melodías.
No se presentaron heridos, sin embargo, Pablo Viejo quedó devastado y el aeropuerto no fue la excepción. Nuevamente conseguí un vuelo gratis costeándome así, la tercera aparición pública de The Climatics.
IV
Me sorprendí cuando a la hora de dormir, dentro de mi celda, escuché ajetreo en la entrada de los reos. Me quedé pasmado cuando al entrar vi ahí a Gerogge Hans, el manager, con el cual simpatizábamos de alguna manera después de cinco conciertos más a los que tuve oportunidad de asistir. Fue hasta el día siguiente que tuve la oportunidad de saludarlo y preguntarle su situación.
- Gerogge, te vi llegar ayer. ¿Qué haces tú aquí? –dije saludándolo de abrazo.
- Viejo, es un gusto verte. No son buenas noticias, la banda ha tenido que dispersarse por problemas con la política. Han confundido rock-flock con activismo político.
- Baja la voz. Vamos al patio –susurré.
Gerogge y yo nos condujimos al patio con cautela y discreción.
- Estoy aquí por la banda.
- Maldita sea, ¿qué ha pasado con la banda? –pregunté.
- Ofrecimos un concierto en un eclipse de luna, pero el tiro nos salió por la culata cuando de repente nos agarró un tornado. No consulté el Neo-Meteo.
- La puta madre, ¿qué dices?
- Lo peor de todo es que murieron dos personas. Dos jóvenes. Dos mujeres.
Una de ellas podría haber sido Elen, pensé.
- ¿Se llamaba Elen? –musité.
- No lo sé, no recuerdo, pero hay dos muertos. Aunque hay esperanzas de salir bien librados de ésta. Un fanático millonario pagará mi fianza y probablemente la tuya. Te necesitamos para el último concierto –dijo Gerogge.
- ¿De qué hablas? ¡No pueden detener ese género! –grité frenético sin poder contenerme.
- No lo veas en términos políticos, velo en términos de sistema de compensación –dijo Gerogge.
- Joder, qué tragedia.
- Sí, lo sé. La buena noticia es que de salir de aquí mañana, este mismo lunes, caerá un meteorito sobre Alberta y he conseguido las coordenadas.
- Increíble –dije-. Todo saldrá bien, ya verás.
V
Logramos salir bajo fianza con un golpe de suerte, pero lamentablemente volvimos a las mismas, pues la banda había perdido popularidad; además, la policía seguía pendiente de los movimientos de cualquiera de nosotros.
Por un momento creímos Gerogge y yo que la policía nos encontraría en las coordenadas del meteorito, pero no fue así. La gente se había acobardado, aunque eso nos permitió mantener la presentación como secreto de estado.
The Climatics subió al escenario. Las quince personas que lo presenciamos comenzamos a aplaudir con lágrimas en los ojos.
Latitud 36,2 grados norte, y longitud 74,6 grados oeste.
29,9 grados norte del ecuador y 74,8 grados al oeste de Greenwich. Pasará por Baltimore.
Comenzamos a corear la primera canción:
Snow and whiskey,
I am not afraid of nuclear fallout,
I have no fear of shadow,
Specting for a cyclone.
Tomo de la mano a Elen y por primera vez le doy un beso. Disfrutamos el resto del concierto en silencio. En cualquier momento el meteorito caerá sobre nuestras cabezas.